Avoscan: “Saiz está en el país de las maravillas”

Herman Avoscan
Diputado nacional electo
Frente para la Victoria

El aislamiento en el ejercicio del poder lleva a confundir la realidad con las fantasías. A construirse un mundo propio, en donde todo puede ocurrir; donde cualquier afirmación puede convertirse en certeza. Algo de esto le debe estar pasando al gobernador Miguel Saiz y sus declaraciones de película de ciencia ficción sobre obra pública, contención social y paz social.

El mismo mandatario dice sentirse “orgulloso” de “todo lo realizado” y asegura que su partido fue derrotado por una oscura confabulación entre la incapacidad propia por comunicar la acción de gobierno y la prédica de un medio periodístico. Lo que además de ser un disparate, constituye en sí mismo un mensaje estrictamente restaurador para el ego de un gobernante que perdió el contacto con la realidad que vivimos los rionegrinos.

Sólo en ese aislamiento puede imaginarse “orgulloso” por sus ocho años de gobierno: se está yendo en medio del derrumbe de un sistema de gobierno agotado, sin autoridad sobre sus propios funcionarios; sin poder cumplir con la prestación de los servicios básicos como salud y educación; con meses de clases perdidos por la ineficiencia de la administración; y el conflicto de los transportistas de educación que no cobraban desde mayo.

Dice haber hecho obra pública, pero se olvida de reconocer que se hizo con fondos nacionales; asegura dejar a la provincia con paz social, y nos queda en la duda si alguna vez registró los hechos de violencia que ocurrieron en Bariloche y en Viedma; nos habla de contención social, y la provincia brilla por su ausencia en la crisis del volcán Puyehue o en la situación de la fruticultura.

Estamos en presencia de un dirigente encerrado en su propio despacho, que se niega a reconocer la realidad, y la reemplaza con una imaginación que debió haber utilizado en la acción de gobierno. Nos deja una provincia con una deuda récord que ronda los 4.000 millones de pesos, a pesar del programa de desendeudamiento de Nación; y un déficit estructural mensual que lo obliga a recurrir a los bancos privados para poder pagar los sueldos; y con una administración desmotivada, paralizada y sin rumbo.

Esa es la provincia que nos deja Miguel Saiz. Esa es la provincia que vieron los miles de rionegrinos que el 25 de setiembre votaron por un cambio. Saiz está pensando en el año sabático que se tomará; los rionegrinos lamentamos los ocho años sabáticos que padecimos.


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